María Macías Moreno, cantaora gitana, con un puro arte de buena cantaora, de la familia de los Cigarritos de Cádiz. no siendo profesional, más conocida con el nombre artístico de MARÍA LA SABINA, nació en Cádiz en el siglo XIX y murió en su tierra a ultimo del siglo XIX, casada con Juan Sánchez Madrugón, apodado Seis Reales, natural de Jerez y de profesión fragüero, cantaor no profesional, su hijo Santiago Donday un gran cantaor con varias grabaciones en su poder, así como sobrino nieto del seguiriyero jerezano Farrabú. Esta gitana es familia de muy buenas raíces del arte del cante flamenco, como ella bien sabe interpretar los cantes más puros
Este es un blog dedicado al estudio, investigación y tratamiento del mundo del flamenco, en el cual tú y todos ustedes, tenéis potestad para aportar cosas que puedan incrementar la difusión de este.
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domingo, 22 de junio de 2014
Maria La Sabina
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domingo, 8 de junio de 2014
Arqueologia Flamenca. Albun Fotográfico.
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jueves, 29 de mayo de 2014
Jose Nondedeu "Rebujina". Genio y Figura
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Arqueologia Taurina Cosas del Conde Tarde de Toros
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jueves, 26 de septiembre de 2013
Anzonini del puerto
ANZONINI DEL PUERTO,no se sabe de dónde le vino el apodo, rubio, con los ojos azules, tenía facciones típicamente gitanas, a pesar de ello, su estatura extrema, su delgadez, daban prestancia a su figura que se crecía, nada más cuadrarse y alzar los brazos, con una majestuosidad increíble. Por su rostro siempre desencajado, sobre cuya frente campeaba un mechón rizado de pelo, la boca huérfana de dientes, pasaban las memorias de sus gentes y de lo vivido. Sus pies paseaban, en un espacio mínimo, un baile rodado por los siglos, doméstico, casero. Nada había estudiado en él; todo era improvisado e irreflexivo. Pero también hondo, como un pozo sin fondo. Y es que en su baile surgía, como de un manantial inagotable, lo ancestral y genéticamente guardado en las entretelas de su persona. Ni había en su porte impostura, ni fingimiento, ni afectación, ni jactancia. Aparecía su baile sin aditamentos ni ropajes espurios, creadora e inconscientemente apegado a la tradición, legítima y genuinamente antiguo.
En una fiesta que se celebró en Cádiz por los años 1928 o 29, Federico García Lorca, relató que allí estaban los Florida, esto es Los Melu, “Que la gente cree carniceros, pero que en realidad son sacerdotes que siguen sacrificando toros a Gerión“. Carniceros, tablajeros, jiferos, gandingueros, matarifes, cabestreros, mozos, porteadores, carreros de todos los mataderos municipales de la Baja Andalucía han sido los forjadores de este imponente tinglado que es el arte flamenco, en cualquiera de sus vertientes
No hace mucho tiempo, cuando uno observaba una reunión flamenca, podía apreciar que sus oficiantes eran los mismos que había visto en el matadero, o en un reñidero de gallos, o en la cuadrilla de un torero, o el torero mismo. Y es que son gentes con un sentido polivalente de la vida. Sus modos y maneras los tenían atados al ritual de la tragedia, de la sangre, de la muerte, de formas muy diversas, pero todas ellas revestidas de arte.
Siempre han sido proclives a ser sedes de las más gloriosas y espontáneas reuniones flamencas, las tiendas del Matadero, o las de las Plazas de Abastos comarcanas. Y es que, acabada la jornada, eran inevitables los cónclaves de gente que lo mismo apuntillaba novillos o toros mansos en la manga ignominiosa, que se apuntillaba la madrugada con una siguiriya, o, en un rapto excelso e increíble ,daba una vueltecita por bulerías y se volvía a sentar, como si tal cosa.A Anzonini, siempre lo recordarémos subiendo y bajando las escalerillas del carro de la carne, después de haber descolgado de un garabato media vaca y echársela encima, sobre la capucha de muselina morena y saco, tinta en sangre, y llevar el cuarto del animal a un puesto de la Mercado de la Concepción.
Y eso una y otra vez y así todos los días. El Matadero viejo de El Puerto, el venerable edificio de finales del XVII, obra de Francisco de Guindos, fue crisol de muchos cantes y bailes y testigo impasible de ambiciones taurinas, alguna de las cuales cuajaron con notable éxito y de las que ha quedado perpetua memoria. La estirpe de los “Titi”, Bermúdez de apellido, los López, apodados “Tabares” los González Monje, por sobrenombre “Villegas” y un sin fin de gente flamenca tuvo su sede y su menester en el Matadero portuense. Y precisamente de la estirpe de los “Titi”, era Manuel Bermúdez Junquera, por apodo “Anzonini de El Puerto”, que nació en 1917, y se crió en la Plaza de Abastos, entre las tablas de carne, las tiendas de Enmedio, Milindri, Rábago, Las Delicias, el Cafetín, Los Pepes y el Matadero. Anzonini, nunca pude saber de dónde le vino el apodo, rubio, con los ojos azules, tenía facciones típicamente gitanas, a pesar de ello,su estatura extrema, su delgadez, daban prestancia a su figura que se crecía, nada más cuadrarse y alzar los brazos, con una majestuosidad increíble. Por su rostro siempre desencajado, sobre cuya frente campeaba un mechón rizado de pelo, la boca huérfana de dientes, pasaban las memorias de sus gentes y de lo vivido. Sus pies paseaban, en un espacio mínimo, un baile rodado por los siglos, doméstico, casero. Nada había estudiado en él; todo era improvisado e irreflexivo. Pero también hondo, como un pozo sin fondo. Y es que en su baile surgía , como de un manantial inagotable, lo ancestral y genéticamente guardado en las entretelas de su persona. Ni había en su porte impostura, ni fingimiento, ni afectación, ni jactancia. Aparecía su baile sin aditamentos ni ropajes espurios, creadora e inconscientemente apegado a la tradición, legítima y genuinamente antiguo. Manolito de la María, Anzonini del Puerto y Paco del Gastor.
En la fotografía, tomada en Madrid en 1964, aparece a la derecha el guitarrista flamenco Francisco Gómez Amaya, más conocido como Paco del Gastor, nacido en Morón de la Frontera en 1944. Sobrino de Diego del Gastor, fue el primero de la dinastía de los Gastor que se instaló en Madrid para ser guitarrista profesional, donde trabajó en los tablaos El Duende y Torres Bermejas. Comenzó su camino, antes, en la finca de Donn Pohren, acompañando a cantaores como Antonio Mairena, Juan Talega, Manolito de la María (en la izquierda de la imagen), Fernanda de Utrera o Perrate. En Madrid fue acompañante a la guitarra de Bambino, actividad que alternó con giras junto a Lola Flores, Fernanda y Bernarda de Utrera, Chano Lobato, Miguel el Funi… En la actualidad y desde hace más de 12 años es el acompañante fijo de El Cabrero y enseña guitarra en el conservatorio municipal de Morón de la Frontera. Phil Slight (Nueva Zelanda, 1932) se estableció en Málaga en 1961. Su amistad con Donn Pohren le abrió las puertas al flamenco de Morón. En 1964, Phil compartió pensión en Madrid con Manolito de la María, Anzonini y Paco del Gastor, cuando formaban parte del cuadro flamenco de la Peña Los Gabrieles de Pohren. Pero, además y por encima, Anzonini era un virtuoso de los pitos, con los diez dedos, que ponían el ingrediente preciso, el condimento adecuado y medido a su baile. De sublimes pueden calificarse los chasquidos de sus dedos, a compás. A nadie he visto tocar los pitos con la precisión y destreza de Anzonini. A nadie. Jaleador ingenioso y oportuno, cantaor por bulerías y soleares y conocedor de un sin fin de cantes, su casa portuense de la calle Pozuelo 21 se convirtió en el santo lugar común del flamenquerío. Por allí pasó todo el cante, y todo el baile
Su mujer, María de los Reyes Suárez, con la que se había casado muy joven, compartía la afición y las consecuencias. Hija de Salud Suárez Montoya cantaora de fuste y sobrina de María Suárez Montoya, “La Guapa”, bailaora de tronío, María la de Churrasca, como se la conocía, vio cómo un mal día a Anzonini lo arrancaron de su primitivismo atávico, lo colocaron en Madrid, en el Tablao de Los Canasteros y, luego en las Cuevas de Nemesio. Se lo llevaron con Pepita Campos, otra bailaora, ya viejecita, de El Puerto. No obstante, merodeó, e incluso se asentó algún tiempo, en Morón donde se convirtió en maestro de baile, y oráculo flamenco, cosa que también hizo, durante una corta etapa en Nueva York, hasta que recaló por Marbella donde puso una tabla de carne. Allí, una pelagarta extranjera lo terminó de arrebatar para siempre. Pero María, su mujer, fiel, amante desmedida, le dio piadosa sepultura en El Puerto. Anzonini murió el 17 de septiembre de 1983. Desde entonces se ha confundido con su tierra, en un pedazo tan chico, como el que le bastaba para bailar.
cante por Alegrías
cante por Soleá
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viernes, 16 de agosto de 2013
JUAN DOBLONES
Juan de los Reyes Jiménez, Juan Doblones, nació en Cádiz el 1 de junio de 1935 en la calle Teniente Andújar, 7, en el seno de una familia gitana y flamenca, del gaditano barrio de Santa María. Hijo de Francisco de los Reyes Torres y de Inés Jiménez Torres, Inés Doblones- sus padres eran primos hermanos-. Los principios de Juan Doblones se fueron forjando en su barrio de Santa María y, desde niño, fue viviendo en su casa reuniones y fiestas familiares, pues la casa de Los Doblones fue una de esas casas donde se celebraban fiestas que duraban días, no sólo en bodas, bautizos, sino por cualquier motivo; y en ese ambiente se fue formando Juan. Empezó trabajando de albañil como su padre y hermanos, y su vocación al arte de las seis cuerdas la inició en su casa pues diariamente sonaban las guitarras de su padre y de su hermano Manuel, mientras Juan empezaba a abrazar la guitarra y sacarle los primeros arpegios. Juan estudió las escuelas de los guitarristas más importantes como Ramón Montoya, Manolo de Huelva, Niño Ricardo, Sabicas, etc. Y de las enseñanzas de sus dos profesores, que fueron los guitarristas Rafael de Jerez y el gaditano Eloy Blanco. Toda esa sabiduría la refundió y creó su toque personal destacando en las fiestas privadas en La Privadilla, La Cueva del Pájaro azul, La Parra, La Bomba, etc., compartiendo dichas fiestas con otros compañeros como su prima hermana la cantaora Adela La Chaqueta, La Perla, Chano Lobato, Santiago Donday, Pablito, Gineto, Chico Mellizo o Miguel Borrul. Camarón, siendo muy jovencito, frecuentaba la casa de Juan Doblones para escuchar el toque de él, porque era muy aficionado a la guitarra y lo hemos visto tocarla en fiestas familiares y se le daba bien. En las primeras actuaciones de Camarón, lo acompañaba Juan. Con 20 años inicia su carrera artística como profesional en la compañía de Miguel de los Reyes, permaneciendo en la misma varios años recorriendo toda España, Europa, América, Turquía y parte de África. En esta compañía fue donde debutó también Camarón, con 16 años. Fue un guitarrista solicitado por los tablaos madrileños, pues vivió largas temporadas en Madrid, actuando en Los Canasteros de Manolo Caracol, Torre Bermeja y Las Brujas, compartiendo escenarios con Paco de Lucía, Manolo Sanlúcar, Paco Cepero, Habichuela o Enrique de Melchor y acompañando el cante de La Perla, Adela la Chaqueta, Chocolate, Fernanda y Bernarda de Utrera o Camarón. Formó parte del elenco de la gran bailaora Carmen Amaya, así como en la compañía de María Rosa y de esa gran bailaora del Albaicín granadino, Mariquilla, recorriendo países como Japón, Australia, Israel y Holanda. Grabó varios discos con las compañías anteriormente mencionadas, otro con Esther Escudero y otro con Pepe Mora, así como varias actuaciones con televisión española. En 1977 se encontraba actuando en la Sala de Fiestas Maspalomas en Las Palmas de Gran Canarias, falleciendo el día 27 de noviembre a consecuencia de un infarto de miocardio, con 42 años y en la plenitud de su carrera artística. Su familia se trasladó a Las Palmas para recoger el cadáver y darle sepultura en su Cádiz natal. Sin desvalorar lo más mínimo a los maestros gaditanos de antaño, ni tampoco a la nómina actual de guitarristas, Juan Doblones ha sido el guitarrista de Cádiz más universal que consiguió cautivar con su guitarra a los públicos más dispares y heterogéneos de España y gran parte del mundo. Él compuso temas flamencos y creó la Danza Mora, traduciendo músicas andaluzas con sones orientales, haciendo gala de virtuosismo de excepción que liga y entronca con falsetas y arpegios del más puro ámbito jondo, con la que obtuvo muchos aplausos. A título póstumo el Ayuntamiento de Cádiz, a petición de la Asociación de vecinos de su barrio de Santa María, acordó instalar una placa en la casa donde nació.
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